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La divulgación acerca de mujeres en la ciencia y sus contribuciones, es esencial para combatir estereotipos de género que aún prevalecen en nuestra sociedad, y que podrían limitar la elección de carrera de las estudiantes.

En este sentido, la visibilidad de mujeres científicas contribuye a la construcción de modelos a seguir (role models) que desafía la percepción tradicional de la ciencia como un campo dominado exclusivamente por hombres, inspirando a las jóvenes a considerar las carreras STEM como un área donde pueden desarrollarse profesionalmente.

Por otra parte, al resaltar la trayectoria de las mujeres en la ciencia, se contribuye a la construcción de un entorno más inclusivo y motivador, donde todas las personas pueden participar por igual. La diversidad de perspectivas que aportan las mujeres en la investigación científica no solo enriquece el conocimiento científico, sino que también promueve la innovación al considerar una variedad de enfoques y soluciones. Esto es necesario para fomentar una representación más equitativa en todos los niveles del quehacer científico.

Finalmente, destacar los logros de las mujeres científicas no solo rinde homenaje a su dedicación y talento, sino que también desempeña un papel crucial en la eliminación de barreras sistémicas que pueden limitar el avance de las mujeres en la ciencia. Al poner de relieve las historias de éxito y los desafíos superados, se fomenta un cambio cultural que valora y celebra la diversidad de voces en la comunidad científica.
Carla Hernández Silva. Coordinadora Eje LPF USACH

Con un proyecto de educación científica, GeoSpace Math de la Facultad de Ciencia ganó Bootcamp Science Up. Una iniciativa que en la etapa de talleres de este programa realizó una encuesta a profesores, la cual arrojó que menos de un 15% utiliza herramientas didácticas, lo que aducen que se debe a las restricciones económicas en las escuelas y a la sobrecarga laboral. Resultados que se transformaron en los puntos fuertes de su propuesta. 

“La mayoría de las herramientas científicas o software son súper caros. Yo estudié en Puente Alto, donde había necesidades más básicas que atender. Además, los profesores tienen una sobrecarga absurda de trabajo. Decidimos hacer un kit económico, para mostrar que la física no es solamente ecuaciones o un cálculo fome, sino algo que también se puede experimentar”, indicó Yerko Jelcic Iturra, Director de GeoSpace Math. 

Actualmente el kit está compuesto por un magnetómetro, un acelerómetro, un termómetro y un hidrómetro, al cual se suma material pedagógico para apoyar a los docentes en su implementación. Todas estas herramientas se asocian al desarrollo de la física espacial, atractiva área de estudio que esperan motive a los y las escolares a conocer más esta disciplina.

“Dentro de la labor de un científico o científica, independiente del área que estudia, está la divulgación. Sin embargo, cuando se trata de física muchos dicen que no la entienden, pero si se puede llegar a entender. Por eso hicimos la conexión con la pedagogía, porque queremos implementar lo que sabemos y en un lenguaje más comprensible”, señaló Yerko.

El equipo de estudiantes está compuesto por Yerko Jelcic Iturra, Britany Jeria Barrios, Guillermo Caro Lillo; de Ingeniería Física; y Carla Paredes Triviño y Amanda Fernández Muñoz, de Pedagogía en Matemática y Ciencia de la Computación. 

“Estamos construyendo el prototipo, el cual implementaremos en cinco escuelas antes de fin de año. Luego realizaremos una encuesta a la gente que lo usó para actualizarlo e implementarlo en un mayor número de escuelas, sin alejarnos del objetivo principal que es que sea económico”, expresó el estudiante.

Columna de opinión

Esta interrogante aparece de forma continua cuando se piensa en incorporar acciones que impulsen la participación de las mujeres en la ciencia. Algunos señalan, que ya no existen barreras entre los géneros para estudiar estas disciplinas o más aún, que no existen brechas a la hora de liderar y participar en proyectos de investigación o avanzar en su carrera académica. Sin embargo, esas mismas cifras dan a relucir que aún falta por avanzar en esta materia. 

Investigaciones señalan que desde los seis años a las niñas se les asocia menos a la brillantez frente a los niños. Ya en la adolescencia se muestran más reacias a tareas matemáticas y científicas. Llegado el momento de escoger una carrera, surge un fuerte efecto intergeneracional, pues reproducen las carreras de sus madres, generalmente más feminizadas. De esta forma, se fugan estos talentos a otras áreas.

Nada justifica que la mitad de la humanidad esté marginada de una de las actividades más importantes para nuestro desarrollo. Estamos al debe. Sólo el 30% de quienes realizan investigación son mujeres. Históricamente han estado infrarrepresentadas en el campo de las ciencias, debido a prejuicios y estereotipos de género arraigados en nuestra cultura.

Aumentar su participación es vital para lograr una sociedad más equitativa e inclusiva, algo que también reconocen instituciones de carácter internacional como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), al referir que su inclusión, aumenta la creatividad, la innovación y el pensamiento crítico en la investigación y desarrollo de soluciones para los problemas globales.

Las académicas son modelos a seguir y mentoras para la próxima generación de científicas, que al ver a referentes femeninas exitosas y empoderadas, pueden sentirse más confiadas en sus habilidades, tener el coraje de perseguir sus intereses y desarrollar al máximo su potencial.

Hay que reducir las brechas, como el orden cultural que atribuye al género masculino más capacidades que al femenino, debido a que, en la práctica, esto se traduce en posiciones de poder injustamente distribuidas y el no reconocimiento como seres en igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres.

Revertir esto es una tarea que nos compete a todos y todas quienes trabajamos en estas áreas. Las instituciones deben generar un espacio y normativas que permitan lograr esta tarea, no tan solo en las universidades, sino también en las escuelas.

Hoy más que nunca es preciso una educación que derribe los estereotipos y la asignación de roles entre los géneros, relevando modelos femeninos en todas las áreas del conocimiento, con el objeto de visibilizar la importancia de una mayor participación y liderazgo de las mujeres en todos los campos y, en particular, en las áreas STEM donde las brechas son aún más acentuadas.

Entonces, volviendo a la pregunta, ¿por qué queremos más mujeres en la ciencia? Porque las necesitamos. Necesitamos a cada una de las investigadoras que puede realizar un aporte con su mirada y experiencia. Porque “cuando buscamos talento en una población entera, en lugar de sólo en la mitad de ella, se abren posibilidades infinitas” (Favill y Cavallo, 2014).

Eje de Liderazgo y Participación Femenina

Consorcio Science Up

PUCV, UCN y USACH

Dr. Juan Escrig, Decano de la Facultad de Ciencia de la Universidad de Santiago de Chile e investigador de CEDENNA.

Hay tres temas que preocupan a las universidades chilenas que están formando a las y los futuros científicos quienes son fundamentales para el desarrollo del país. Estos son la armonización de los currículos, con el objetivo de fomentar el espíritu emprendedor e innovador de las y los estudiantes, fortaleciendo además la internacionalización y transversalización de las carreras científicas; la imprescindible vinculación de estas casas de estudio con el entorno social y productivo, con especial atención en las comunidades de cada territorio y región en la que se encuentran las universidades; y dar paso a una mayor presencia femenina en las carreras científicas, no solo porque somos conscientes de las brechas de género presentes en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), sino que también porque la experiencia ha demostrado que los equipos mixtos se complementan y trabajan mejor.

Tres universidades, la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), la Universidad Católica del Norte (UCN) y la Universidad de Santiago de Chile (USACH), todas con una fuerte vocación social y regional, han creado el Consorcio Science Up a partir de la adjudicación del proyecto Ciencia e Innovación para el 2030 de la CORFO, buscando implementar un plan de desarrollo estratégico que les permita trabajar, desde sus facultades científicas, en las tres áreas previamente mencionadas considerando desafíos para el corto, mediano y largo plazo.

Llegar a esta etapa no fue sencillo, ya que requirió primero de un diagnóstico interno en cada institución, que permitió detectar las brechas en innovación y emprendimiento que tenían nuestras carreras científicas, además de un benchmarking internacional (Universidad de Pittsburgh, Universidad de Carnegie Mellon y Texas Tech University en Estados Unidos; Universidad de Bristol en el Reino Unido, Universidad de Radboud en Holanda y Universidad de Ciencias Aplicadas de Munster en Alemania), el cual nos permitió detectar las buenas prácticas factibles de implementar en nuestras instituciones.

Es importante tener presente que toda transformación, para que logre su fin, requiere consensuar visiones comunes, razón por la cual las acciones y actividades del Consorcio son construidas con y para la comunidad universitaria. Un ejemplo de esto es la iniciativa Auspicio y Patrocinio Science Up, que busca apoyar iniciativas que promuevan la divulgación, valoración y/o fomento de la innovación, el emprendimiento de base científica tecnológica y la transferencia tecnológica al interior de las facultades científicas asociadas al Consorcio.

Además, la idea es aprovechar las fortalezas y trayectorias de las facultades individuales, así como la sinergia generada en el marco de este proyecto, razón por la cual, por ejemplo, la Facultad de Ciencia junto con la Facultad de Química y Biología de la USACH están organizando, en forma conjunta, tanto el Festival de la Ciencia, dirigida a público general, como la Feria Científica, dirigida especialmente al mundo escolar. Además, las facultades asociadas al Consorcio se encuentran trabajando para establecer un lenguaje común, definiendo competencias en innovación y emprendimiento que puedan dar origen a un Minor en Innovación y Emprendimiento para Carreras Científicas común. Así, en vez de competir, buscamos sumar esfuerzos.

Cuando hablamos de armonización curricular nos referimos a trabajar de forma coordinada para diseñar e implementar cambios curriculares y extracurriculares tanto en nuestras carreras de pregrado como en nuestros programas de postgrado, con el objetivo de formar estudiantes competentes en su formación disciplinar, pero -al mismo tiempo- con capacidades para desarrollar investigación aplicada, transferencia y desarrollo tecnológico, innovación de vanguardia y emprendimientos de base científica tecnológica. La idea es avanzar hacia un sello distintivo en la formación de profesionales altamente competentes tanto en lo disciplinar como en las habilidades de carácter transversal que demanda la sociedad actual. 

Cuando planteamos la necesidad de una mayor vinculación con el entorno socioeconómico, creemos imprescindible poner nuestra atención en las brechas de desarrollo de los territorios en los cuales estamos insertos, ya que la idea es contribuir activamente desde nuestras capacidades, pues la ciencia y la tecnología no solo nos permiten generar un impacto sobre la economía local, sino que también nos permite influir y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Sobre este punto, comenzamos por identificar los actores claves, destacando nuestras y nuestros ex estudiantes con quienes estamos desarrollando un importante trabajo de fidelización, ya que a partir de ellas y ellos podemos vincularnos directamente con el sector productivo donde se desempeñan. La idea es generar un vínculo permanente y bidireccional, de beneficios mutuos, estableciendo relaciones de confianza y cercanía con nuestro entorno social y económico.

El trabajo del Consorcio no solo se centra en las competencias de nuestras y nuestros estudiantes, sino que también en la construcción y el diseño de estrategias que nos permitan fomentar el liderazgo y la participación femenina al interior de nuestras facultades científicas. Los desafíos del siglo XXI nos obligan a repensar y modernizar nuestros procesos de enseñanza, implementando metodologías de aprendizaje activo para la innovación educativa de nuestras carreras, pero considerando en todo momento las transformaciones culturales que nos permitan disminuir las brechas de género en el ámbito profesional y en las propias disciplinas. Para ello, estamos fomentando, desde etapas muy tempranas de formación, las vocaciones científicas tecnológicas, con especial énfasis en niñas y mujeres. 

En conclusión, el Consorcio Science Up, impulsado por tres de las principales universidades del país, nos permitirá formar a la próxima generación de científicas y científicos quienes, desde Chile, podrán construir un futuro lleno de oportunidades, siendo capaces de crear y exportar tecnología avanzada, impulsando una economía de innovación y bienestar para toda la sociedad.   

La curiosidad es el motor de estas iniciativas literarias, que logran vincular las inquietudes de las nuevas generaciones con el conocimiento, sumándolas a los nuevos desafíos de la sociedad.

En este mes del libro, en Science Up compartimos iniciativas de divulgación científica de las facultades que nos conforman, donde la curiosidad de sus protagonistas guían las historias. Obras que vinculan los conocimientos generados en la universidad con la sociedad, especialmente con las nuevas generaciones, motivando su interés por la ciencia.

“Naturaleza de la ciencia para todos”

Libro que le habla a las personas que logran palpar en la estructura de la naturaleza el conocimiento científico. Iniciativa que devela quiénes desarrollan la investigación científica actualmente,  cómo generan sus hallazgos y cómo luego los comunican.

Su objetivo fue responder a “cualquiera que tenga un mínimo de interés por la ciencia sabe algo acerca de los astros, los animales, las células o los átomos”, explica el Dr. Waldo Quiroz en su libro, autor y actual coordinador de Armonización Curricular de Science Up en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, quien buscó simplificar el mundo de la investigación para que la gente pueda tomar decisiones haciendo uso del conocimiento científico actual.

https://www.lakomuna.cl/tienda/product/3237_naturaleza-de-la-ciencia-para-todos

Cosmovisión mapuche y el mundo de las gráficas

Visión de mundo y conocimiento de la cultura mapuche se unen con las matemáticas en esta propuesta de divulgación científica. Una profesora de matemáticas mapuche guía a sus hijos, Nahuel y Sayen, por el mundo de las gráficas observando la realidad que los rodea, quienes van aplicando lo aprendido en las actividades contenidas en cada capítulo.

“Este fue un ejercicio de creatividad, proceso en que me reflejé mucho, como en mi forma de hablar o como le respondo a mis hijos. En ese personaje (ñuke) por primera vez tuve la oportunidad de escribir algo de divulgación, pensado no solo para que los profesores de matemáticas lo lean, sino también para que padres y madres podamos dialogar sobre la idea intercultural en la familia”, expresó su autora, la Dra. Daniela Soto Soto.

https://libreria.editorialusach.cl/cosmovision-mapuche-y-el-mundo-de-las-graficas

La hermandad de las Tortugas

Una aventura marina que comienza con el viaje de Honu, tortuga verde que en búsqueda del lugar de nacimiento en el Océano Pacífico, se encuentra con sus hermanas y serios problemas asociadas a la basura plástica. Historia que además de motivar la toma de conciencia, donde estas especies son las principales perjudicadas.

“Esperamos que este libro motive la conciencia para que el problema de la basura pueda ser superado. Todas las fuentes de basura en Chile son locales, entonces las soluciones deben surgir de los mismos territorios”, expresó Paloma Núñez a la Municipalidad de Coquimbo, una de sus autoras en conjunto con Diamela De Veer, Ailin Leyton Muñoz, Daniela Honorato, Martin Thiel y Nelson Vásquez, integrantes del proyecto Científicos de la Basura.

https://educacion.mma.gob.cl/wp-content/uploads/2019/10/La-Hermandad-de-Las-Tortugas.pdf

La Ruta del Big Bang

“Estimado lector: usted está aquí.Tiene este libro en sus manos, y si no consigo llamar su atención en las próximas cinco líneas, va a dejarlo abandonado sobre la mesa. Me temo que no tengo otra alternativa que decirle la verdad sin suavizantes ni “fotoshop”, la verdad a secas: mi única intención es que usted haga valer uno de los más profundos derechos del ser humano, el derecho a acceder al conocimiento”, señala la Dra. Marcia Henríquez Bustamante en la reseña de su libro “La Ruta del Big Bang. El Universo en clase Turista”.

Obra que busca transmitir el placer que produce el saber a través de una narración atractiva sobre el origen del universo, desafío que la autora orientó a públicos de todas las edades.

https://www.letrasnomadas.cl/p/la-ruta-del-big-bang-el-universo-en-clase-turista/

El Universo con la ayuda de su pantágina

Una experiencia inmersiva es la que ofrece el libro “El Universo en una pantágina”. Atenea, una niña de ocho años con su tablet motiva a los lectores y lectoras a usar sus dispositivos móviles para explorar el Universo, hipervinculado sus párrafos con imágenes, videos, juegos y actividades de realidad aumentada.

“Si pones una imagen 2D del Sol y la Tierra no te imaginas la diferencia real en los tamaños, en cambio cuando lo ves en 3D te queda clarísimo que dentro del sol cabe más de un millón de veces la Tierra. Más entretenido todavía si tu celular te permite verlo como si estuviera en el entorno físico que te rodea”, destacó la Dra. Leonor Huerta Cancino, autora del libro en conjunto con el profesor Jhon Silva.

https://libreria.editorialusach.cl/el-universo-en-una-pantagina

¿Qué hacen las científicas?

Libro que relata el quehacer diario de las investigadoras de diferentes ramas de la ciencia, desde las más evidentes, como la Astronomía y la Química, hasta las que no lo son tanto, como la Física. Un texto de divulgación que incorpora actividades, un cuaderno de investigación y perfiles de destacadas investigadoras a nivel mundial y nacional, muchas de las cuales abren una ventana de diálogo con las y los lectores, invitándoles a contactarlas.

“¿Por qué alguien querría ser científica? A veces hay disciplinas donde es evidente, como la Astronomía, donde hay fascinación por observar el cielo, pero por ejemplo ¿qué hace una bioquímica?, ¿una física? La actividad científica, más allá de la disciplina, tiene mucho que ver con la colaboración, algo que quise que quedara plasmado en este libro”, rescató su autora, la Dra. Carla Hernández S.

https://libreria.editorialusach.cl/que-hacen-las-cientificas-actividades-increibles-para-aprender-acerca-de-la-ciencia

El Programa tiene por objetivo vincular las universidades que conforman el Consorcio Science Up mediante proyectos de colaboración de investigación, desarrollo e innovación (I+D+i) con el sector productivo.

Desde hoy y hasta el 3 de junio se encuentran abiertas las postulaciones al Programa VINCULAB, una convocatoria que tiene por objetivo generar y fortalecer los niveles de investigación aplicada y la colaboración entre las facultades de Ciencias de las universidades que forman parte del Consorcio (PUCV, USACH y UCN) y el sector productivo, ya sea público o privado.

La iniciativa, dirigida a académicos y académicas del área de las ciencias, consiste en fortalecer las competencias de I+D+i, considerando un trabajo en conjunto con una organización del sector productivo y la participación de estudiantes pertenecientes a las facultades de ciencias adscritas al Consorcio.

El Programa considera una duración máxima de 12 meses para los proyectos seleccionados y un monto máximo de financiamiento de $2.500.000.

¿Cuáles son los requisitos?

Dentro de los requisitos para postular, se encuentra que la directora o director de proyecto debe ser una académica o académico perteneciente a alguna de las facultades de Ciencias adscritas al Consorcio.

Además, se debeincluir en el equipo de trabajo al menos una o un estudiante de pre o postgrado de alguna de las facultades de Ciencias adscritas al Consorcio y los proyectos deben llevarse a cabo en colaboración con una organización del sector productivo (entidad colaboradora), ya sea público o privado, regional o nacional.

¿Cómo postular?

Para postular, los participantes deben completar el formulario de postulación disponible aquí . En el caso de cumplir las bases y de obtener una evaluación positiva, los participantes serán invitados a presentar sus propuestas ante un panel formado por miembros del Consorcio. Esta presentación se llevará a cabo en modalidad virtual.

¿Quiénes pueden participar?

Académicas y académicos pertenecientes a Facultades de Ciencias adscritas al Consorcio

Facultad de Ciencias, PUCV, Facultad de Ciencia, USACH, Facultad de Química y Biología, USACH, Facultad de Ciencias, UCN, Facultad de Ciencias del Mar, UCN, Departamento de Ciencias Geológicas, UCN.

Columna de opinión publicada en La Tercera por el equipo académico y gestor del Eje de Liderazgo y Participación Femenina del Consorcio Science Up.

La existencia de brechas de género en la educación superior de Chile es un tema que se ha comenzado a discutir y visibilizar en los últimos años. A raíz de esto, los planteles de educación superior han iniciado una serie de acciones para incorporar perspectiva de género y aumentar la participación de mujeres en todos sus niveles: a través de mecanismos de ingreso especial para mujeres, creación de unidades de género en las instituciones u ofertas laborales, que promueven la contratación de mujeres ante la igualdad de condiciones curriculares.

De acuerdo al Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, en la actualidad el 53% de la matrícula de educación superior corresponde a mujeres. Sin embargo, sólo una de cada cuatro mujeres optan por carreras de áreas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, por su sigla en inglés).

Aún más severa es la diferencia en el porcentaje de egreso de carreras de pregrado en áreas STEM según sexo, que sitúa a Chile en la última posición, con un 19% de mujeres, mientras la media OCDE alcanza un 32%. Por consiguiente, no es de extrañar que estas brechas de género se extrapolen al estamento docente, con ausencia de liderazgos femeninos o bajo porcentaje de investigadoras. Sin ir más lejos, la Radiografía de Género en CTCI 2020 del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, refleja con claridad estas brechas estructurales: las mujeres que alcanzan la máxima jerarquía de profesora titular en las universidades chilenas llega apenas al 22%; en solicitudes de patentes la representación de mujeres es del 15%; y la presencia de mujeres en investigación llega sólo al 34%.

Ante este escenario, celebramos los avances que se están concretando en el sistema educativo, como es el caso de la Ley N 21.369, que regula el acoso sexual, la violencia y la discriminación de género en el ámbito de la educación superior e incorpora el avance en estas materias al proceso de acreditación institucional.

Estas políticas van en línea con los desafíos que tenemos como sociedad y son iniciativas que nos dan la oportunidad para avanzar hacia una verdadera transversalización de la perspectiva de género en todas sus dimensiones. Además, es urgente y trascendental que estos compromisos y voluntades se plasmen en las normativas y estructuras que sustentan a las instituciones de educación superior.

COLUMNA DE OPINIÓN

Cabe preguntarse por qué no nos damos cuenta de lo maravilloso que resulta cultivar la ciencia y la tecnología en el contexto de una economía globalizada. La ciencia no solamente es maravillosa porque nos hace pensar y desafiar nuestra curiosidad y elevar nuestro intelecto, sino también porque puede crear valor a partir de la nada, los casos son innumerables.

Por Dr. Leonel Rojo Castillo, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile.

En Chile se ha hablado mucho de las vacunas contra el COVID-19, especialmente si debemos o no construir centros para su fabricación en nuestro país, una discusión que fue instalada con motivo del confinamiento, las cuarentenas, las muertes y la falta de recursos tecnológicos en todos los niveles del sistema de salud durante esta pandemia por SARS CoV 2. La economía se contrajo severamente, muchas empresas quebraron o debieron reducir su tamaño al mínimo posible. ¡Vaya, qué fuerza tiene un virus microscópico!

Para los científicos chilenos resulta evidente que hemos mejorado en los últimos treinta años: la inversión en ciencia y tecnología ha crecido desde los años ochenta hasta la fecha, pero seguimos estando en un pantano frío y lleno de incertidumbre, en una realidad paralela, donde se invierte menos del 0.4 por ciento del PIB en ciencia y tecnología. Además, la velocidad a la cual ocurre la transferencia tecnológica desde las universidades está disociada de la tremenda velocidad que la industria necesita; la burocracia a veces sobrepasa al sentido común y perdemos oportunidades de desarrollo. Esto se refleja en que casi la totalidad de las patentes de invención generadas en la universidades no llega a ver la luz, es decir, no son transferidas a empresas o generan nuevas empresas “spin off”.

Pensemos, por un momento, en los inicios de la pandemia COVID-19 en Chile. Por aquel entonces, todos corríamos despavoridos esperando la forma más adecuada de protegernos o continuar con nuestras vidas en medio de un virus potencialmente mortal. Allá por los inicios de 2020, escaseaban las mascarillas de alta calidad, los guantes, alcohol gel, test rápidos, ventiladores mecánicos, fármacos de cuidados intensivos, purificadores de aire, entre otros utensilios médicos. 

Mientras tanto, en pocas semanas, China, Corea, Israel, Inglaterra, Japón y Estados Unidos ya disponían de tecnologías de diagnóstico rápido, aparatos de PCR de alta eficiencia, purificadores de aire, etc. Meses más tarde, algunos centros en Europa, China y Estados Unidos ya disponían de los primeros prototipos de vacunas. Al poco tiempo, tuvimos la opción de acceder parcialmente al goteo de las primeras vacunas y pudimos mejorar nuestro manejo de esta pandemia. Aprendimos a usar nuevas formas de comunicación y desarrollamos el teletrabajo, como nunca pensamos que fuera posible. TODO esto gracias a la ciencia y la tecnología.

Cabe preguntarse por qué no nos damos cuenta de lo maravilloso que resulta cultivar la ciencia y la tecnología en el contexto de una economía globalizada. La ciencia no solamente es maravillosa porque nos hace pensar y desafiar nuestra curiosidad y elevar nuestro intelecto, sino también porque puede crear valor a partir de la nada, los casos son innumerables: Apple. Microsoft, SINOVAC, Moderna, Facebook, Twitter, Instagram, Tesla, entre otros. Este valor económico debidamente gestionado y protegido es la clave para una sociedad con más oportunidades y menos desigualdad.

Valorar la ciencia y el trabajo de los científicos es CLAVE. Por ejemplo, cuando salieron las vacunas, muchos propusieron que se debían levantar los derechos de patentes, que suena del todo razonable, porque se trata de salvar vidas en todo el mundo. Sin embargo, la posición impopular de mantener dichos derechos no es del todo mala. Me explico: si decidiéramos eliminarlos, le estaríamos dando un pésimo mensaje a la humanidad, estaríamos diciendo que el capital intelectual no debe ser reconocido y, probablemente, tendríamos tecnologías gratuitas por un tiempo, pero luego de eso, desaparecería el incentivo para desarrollar el talento humano de alto nivel porque no habría una retribución económica adecuada a las mentes brillantes y esforzadas que decidieron luchar para que podamos hacer frente a problemas tan graves como la pandemia por COVID-19.

Es imposible pensar en una sociedad que quiera dar importancia a un “nuevo modelo de desarrollo” si no respetamos la propiedad intelectual en todas sus formas (patentes, registros de marca, secretos industriales,entre otras), porque esto es el resultado de dar libertad y oportunidades a los talentos entrenados al más alto nivel, personas que son capaces de apostar una vida de trabajo y entrega total por descubrir la cura para virus letales, desarrollar superalimentos, crear nuevos fármacos o tecnologías de comunicación social. Si no comprendemos esto, siempre vamos a vivir en un país que exporta los denominados “commodities” y no exporta al mundo el talento de sus científicos.

COLUMNA DE OPINIÓN

Las universidades públicas debemos asumir con decisión el compromiso de contribuir al desarrollo sostenible, teniendo presente que es en estas instituciones donde se forman agentes de cambio y se permiten miradas críticas y transformadoras de la sociedad.

Por Claudio Elórtegui Raffo, rector de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV)

Las consecuencias sociales y económicas de la pandemia, han demostrado la urgencia de generar estrategias y medidas concretas que permitan reactivar nuestra economía, conciliando el crecimiento económico con el cuidado de las personas y la protección del medio ambiente. Sin duda, este momento histórico representa una oportunidad única para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

Las universidades públicas debemos asumir con decisión el compromiso de contribuir al desarrollo sostenible, teniendo presente que es en estas instituciones donde se forman agentes de cambio y se permiten miradas críticas y transformadoras de la sociedad.

Como miembros de Pacto Global de las Naciones Unidas, desde la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso buscamos contribuir a la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, poniendo nuestras capacidades y conocimientos al servicio de la sociedad.

El Centro de Acción Climática es una manifestación concreta de este compromiso institucional con el desarrollo sostenible y particularmente con el llamado a cuidar nuestra casa común que hace el Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si. Es así como busca aportar desde la investigación aplicada a la adaptación climática a nivel regional y nacional; y a partir de un trabajo articulado con otros centros de investigación, académicos e investigadores de la Universidad, ofrece una respuesta interdisciplinaria y específica a los sectores económicos más impactados por las variaciones del clima.

Las universidades -públicas y privadas- son llamadas a realizar acciones para fortalecer la resiliencia climática en los territorios donde se ubican, y también realizar contribuciones al sistema escolar, y a generar proyectos que propicien la reducción de la exposición a contaminantes atmosféricos por parte de niños y niñas que residen en zonas expuestas en diversas regiones del país.

En materia de políticas públicas, el Centro de Acción Climática está realizando una importante contribución participando en el proceso legislativo de la nueva ley de cambio climático y la ley de glaciares. Y a nivel internacional ha estado contribuyendo a un llamado a una recuperación sostenible e inclusiva en colaboración con el Centro Global de Adaptación de los Países Bajos, generando recomendaciones para los países miembros de CELAC, entre otras iniciativas.

En tan solo un año y medio de actividad, el Centro de Acción Climática, en el marco de la vocación pública institucional, ha generado propuestas y acciones concretas para hacer frente a uno de los desafíos más urgentes que tiene la humanidad, como son los efectos del cambio climático.

Fuente: El Dinamo 23.07.2021
https://www.eldinamo.cl/opinion/2021/07/23/el-rol-de-la-universidad-publica-en-el-cuidado-del-medio-ambiente/

COLUMNA DE OPINIÓN

“Una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía”.

Por Felipe Elorrieta, doctor en Estadísticas, profesor asistente en Departamento de Matemáticas de la Universidad de Santiago de Chile.

A un año y medio del inicio de la pandemia de Covid-19 en el mundo, hemos podido ver cómo académicos e investigadores de las más diversas disciplinas se han puesto al servicio del análisis y la comunicación de riesgo sobre el impacto y los efectos del Covid-19.

Sin ir más lejos, aquí en Chile, algunos centros de estudios interdisciplinarios como Espacio Público han participado activamente en la discusión del impacto del Covid-19. De igual manera, otras iniciativas interdisciplinarias han nacido durante esta pandemia. Algunos ejemplos notables son el grupo ICOVID -grupo de académicos con formación en salud pública, epidemiología, matemáticas, estadística e ingeniería y comunicaciones de la Universidad de Chile, Universidad Católica y Universidad de Concepción– o, en menor escala, el Grupo Epidemiológico Matemático de la Universidad de Santiago de Chile, en el que he tenido la oportunidad de colaborar junto a otros académicos y alumnos relacionados a la estadística, medicina, ingeniería y periodismo.

Es claro que la voz principal en la comunicación de riesgo la debe llevar quienes han dedicado su vida académica a la investigación de este virus infeccioso y sus efectos en la población. Sin embargo, creo que es indiscutible el aporte de todas estas iniciativas en la discusión y en la comunicación de riesgo durante la pandemia. El aporte de visiones adicionales a las que generalmente han liderado estas discusiones, ha permitido enriquecer el debate con una comunicación dirigida a la población basada en evidencias sobre el impacto de la pandemia en nuestro país. En este sentido, el aporte de diversos investigadores ha servido como contraparte de las versiones oficiales de las autoridades y ha ejercido una debida presión con el fin de que se tomen medidas pensando en la salud de la población.

En este sentido, una lección para los que nos dedicamos a la docencia e investigación, es que si dedicamos parte de nuestro tiempo en fomentar la formación e investigación interdisciplinaria y vinculada con la sociedad podemos impactar positivamente en la ciudadanía. Lamentablemente, esto no depende solamente de nosotros como investigadores sino que también de los incentivos que se generan para hacer investigación vinculada con la sociedad. En ese sentido mi llamado es que las universidades y la ANID puedan valorar más iniciativas de investigación que permitan llegar con un mensaje claro a la ciudadanía.

En la misma línea, se podría dar más valor a iniciativas de divulgación del conocimiento que tienen un impacto directo en la sociedad, como la que por ejemplo fomenta el programa explora de CONICYT. En esta área hay varias iniciativas que hacen una tarea muy destacada de divulgación científica como, por ejemplo, el Instituto Milenio de Astrofísica (MAS) o el Planetario de la Universidad de Santiago. Todas estas iniciativas han permitido acercar la labor científica a la ciudadanía, pero aún queda mucho trabajo por hacer. Es por esto que es muy valorable que iniciativas en nacimiento como el consorcio Science Up se sumen a la difícil tarea de fomentar la formación interdisciplinaria y la investigación aplicada a la sociedad.